El filósofo chinga quedito: vida y obra de Sócrates

Esta vez hablare sobre el que es considerado como uno de los más grandes filósofos de la historia —y que aparte es uno de mis favoritos—, estoy hablando de Sócrates. Algunas personas creen que el jamás existió, que sólo es producto de un muy mal viaje de Platón… pero los que dicen eso están bien mal. Así que el si existió, y esta fue su vida.

¿Quién fue Sócrates?

Sócrates nació en Alopeco en el 470 a.C. y murió en el 400 a.C., justamente en la época del esplendor ateniense, que fue la época de Pericles, un tipo que fue gobernante de Atenas y construyó muchos segundos pisos, líneas del metrobus y cosas de ese estilo para que la ciudad se viera mas bonita. Fue hijo de Sofronisco —no se rían de los nombres griegos— que era escultor, y de Fenáreta que era  partera —o dicho de una forma bonita, era comadrona—.

Mucho verbo y nada de tinta

Sócrates jamás escribió nada, ni un libro, ni un poema… ni siquiera una carta de amenaza; es por eso que es difícil interpretar lo que de él se escribió, a raíz de su muerte. Toda su vida se halla envuelta en un misterio gracias a  la escasez e incertidumbre de datos. Las fuentes más fiables que se tienen sobre la existencia de Sócrates son: Aristófanes, Jenofonte, Platón y Aristóteles.

Aristófanes era comediante, uno de los más famosos en Grecia. El nos habla de Sócrates en su obra Las nubes. Ahí nos encontramos con un Sócrates sofista —eran como una especie de filósofos, pero que cobraba por enseñar, además de que a ellos no les interesaba la búsqueda de la verdad, sino del dinero— sólo interesado en cobrar a sus alumnos la enseñanza de la retórica y la oratoria. Aristófanes también nos que Sócrates era  un conocedor del saber ateo de los jonios sobre la naturaleza, es decir, era un hippie que no creía en los dioses de Atenas. Y también dice que era un vago que sólo se dedicaba a pensar. Este es un Sócrates ridiculizado.

Jenofonte —militar e historiador— es autor de una serie de obras biográficas conocidas como discursos socráticos. Sin embargo, son obras apologéticas —es decir, todos sus escritos alaban a Sócrates, lo contrario que hacía Aristófanes— y carentes de rigor histórico. Aparece en su testimonio un Sócrates moral, desinteresado por las cuestiones sobre la naturaleza y opuesto en sus enseñanzas a los sofistas, pero carente de profundidad. Algo parecido, en principio, puede decirse, del testimonio dado por Platón.

El Sócrates de Platón es un personaje moral por excelencia, dedicado a persuadir a todos a interesarse —no por los placeres carnales de la vida—a que el alma sea la mejor posible.

Aristóteles no conoció personalmente a Sócrates, pero había oído hablar de él de su maestro Platón. Lo nombra unas cuarenta veces en sus obras, aunque siempre ocasionalmente. Sin embargo, sus apreciaciones se consideran objetivas. Le atribuye, sobre todo, la búsqueda del universal a través de las definiciones:

[…] Sócrates se había ocupado de temas éticos, y no, en absoluto, de la naturaleza en su totalidad, sino que buscaba lo universal en aquellos temas, habiendo sido el primero en fijar la atención en las definiciones […].

Lo que dicen que dijo Sócrates

Sócrates dio inicio a la llamada época de la madurez griega. Antes de él los filósofos sólo se habían dedicado a desentrañar los misterios de la naturaleza… eran los filósofos naturalistas —o filósofos presocráticos como se les llama casi siempre—. Pero Sócrates fue el primero en interesarse en el hombre, es decir, en el problema antropológico. Es más, Sócrates es considerado el padre de la Ética. Se hizo célebre por desenmascarar a los sofistas y reorientar a la filosofía hacia la búsqueda de la verdad y el bien de los hombres.

Pero, en un principio, Sócrates se ve interesado por la filosofía de la naturaleza, se cree que fue influenciado por Arquelao de Mileto, discípulo de Anaxágoras —un filósofo extraño del que por ahora no hablaré—, hacia la que luego adoptó una actitud crítica; después pierde interés ya que a estos temas, al parecer, no le ve principio de finalidad alguna, y opta por el conocimiento de sí mismo y del hombre en general, ya que Querefonte —un amigo de Sócrates— un día que no tenía nada que hacer, fue al oráculo de Delfos —un especie de santuario mágico donde te podían leer el futuro— y pregunto por la persona más sabia de Atenas. El oráculo le respondió que ese era Sócrates.

Mayéutica, método socrático o lo que es lo mismo: tú sólo dime que sí o no a lo que te pregunte

A diferencia de los sofistas, Sócrates no construye largos y hermosos discursos, sino diálogos metodológicamente construidos. A eso se le llama la mayéutica, que significa parto espiritual —cosa con lo que se comparaba con el trabajo de su madre—. Éste método, también llamado método socrático, se basaba en preguntas que obligaban a sus interlocutores a pensar por cuenta propia y encontrar solución a los problemas, principalmente morales. Con este método, Sócrates creaba un diálogo lleno de ironía y de intención pedagógica, es decir, en el diálogo tenía que haber una lección que aprender. Sócrates creía que la sabiduría se adquiere en el intercambio vivo de la conversación, haciéndose preguntas y buscando juntos respuestas.

La forma de hacer mayéutica es sencilla: uno empieza a hacer preguntas sobre un tema, de cada respuesta tienes que sacar más preguntas. Si alguna de las respuestas se contradecía, el argumento no tiene validez y se tiene que empezar a buscar por otro lado la respuesta.

Esta forma de conversar hizo que Sócrates se ganara muchos enemigos. Como Sócrates no creía en verdad que el oráculo lo llamara el hombre más sabio de Atenas se puso a investigar si eso era cierto. Llego a una conclusión —y que es la frase más famosa que se tiene de él, cosa extraña porque en ningún lado está escrito que Sócrates haya dicho textualmente dicha frase—: “Yo sólo sé que no sé nada”. Entonces, trató de ver si es que los demás en Atenas sabían algo. Interrogaba a los carpinteros sobre si sabían que era una silla, a los zapateros sobre los zapatos, a los herreros sobre las armas, en fin, y siempre terminaban admitiendo que no sabían que eran las cosas que fabricaban. Yo creo que con eso Sócrates se ganó varios enemigos.

Buscando la felicidad

Sócrates buscaba la vida virtuosa en los hombres, a fin de que alcancen la felicidad. La ética intelectualista de Sócrates proclama que el malo es el ignorante y que en cuanto a la inteligencia conozca la verdad, la voluntad no puede dejar de guiarla:

Yo afirmo que todo hombre virtuoso y toda mujer virtuosa son felices, y, por el contrario, los injustos y los malvados  son  desgraciados […] La vida más desventura, pues, es la del que persevera en la injusticia y no se libera de ella.

El Juicio de Sócrates

Tras una vida entregada a interpelar a sus conciudadanos, que ocasionó la enemistad de muchos de éstos, es llevado a juicio doblemente: por ser acusado de ser sofista y corruptor de los jóvenes. Cuando decimos corrupción de menores no estamos hablando sexualmente, eso es otra cosa. Aquí se habla de que Sócrates hacía que los jóvenes pensaran, que criticaran las cosas. Esto era muy mal visto en la sociedad en Atenas ya que imperaban las costumbres y las tradiciones.

Estas acusaciones fueron hechas  por Anito, en nombre de los artesanos y políticos, por Meleto, en el de los poetas, y por Licón en el de los oradores. Al mismo tiempo se le acusa de no creer en los dioses del  Estado.

En el juicio, Sócrates se defiende desmintiendo y poniendo como contradictorio los argumentos que se tienen en su contra. También alega que su método de dialogar está basado en los designios del dios que reside en el oráculo, que fue él había dicho que él era el hombre más sabio de Atenas, y de una voz divina que llama démon, la cual la disuadía a ayudar a sus conciudadanos a ser mejores y más sabios:

[…] La causa de esto es lo que vosotros habéis oído decir muchas veces, en muchos lugares, a saber, que hay junto a mí algo divino y demoniaco […]. Está conmigo desde niño, toma forma de voz y, cuando se manifiesta, siempre me disuade de lo que voy a hacer, jamás me incita.

Transcurrió un mes desde el momento de la sentencia hasta el día de la ejecución, y en ese tiempo sus amigos le propusieron un plan para fugarse de la cárcel e irse a vivir lejos de Atenas. Sin embargo rechazó la oferta ya que él pensaba que el huir de su sentencia equivaldría a una injusticia contra las leyes de la ciudad, y que, por lo tanto, prefería la muerte.  Murió condenado a morir envenenado bebiendo una copa de cicuta —un veneno—.

Si bien muchos filósofos —si no es que todos— consideran la muerte de Sócrates como una de las más injustas, tuvo su razón de ser. Murió defendiendo sus convicciones y eso fue lo que lo llevo al salón de la fama de los filósofos. Ahora hasta los políticos mexicanos y los jugadores de futbol brasileños se llamas Sócrates. Lo que ellos no saben es que aquel nombre le perteneció al primer gran filósofo de occidente, el primer ético y el primer ser humano en cuestionarse sobre el comportamiento humano.


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