¿Qué rayos son los métodos de Mill?

La verdad es que siempre que escucho el nombre de Stuart Mill me suena a una marca de yogurt, pero creo que eso no tiene nada que ver. Los métodos de Mill o también llamados cánones de Mill son  cuatro —o mejor dicho cinco— tipos de métodos propuestos por John Stuart Mill en un libro llamado Sistema de lógica. Estos métodos están basados en la inducción y son inferencias por eliminación, esto es, eliminan las proposiciones que son falsas en el razonamiento que se esté haciendo.

La inducción es un tipo de razonamiento que va de lo particular a lo general.  Es decir, en una inducción se enumeran casos particulares o singulares para que de ellos se obtenga una conclusión general. Por ejemplo:

El hierro es un buen conductor de electricidad
El acero es un buen conductor de electricidad
El cobre es un buen conductor de electricidad
∴ todo metal es un buen conductor de electricidad

Ya que sabemos qué es una inducción, podemos pasar a los métodos.

Método de concordancia

Este se usa cuando en dos o más fenómenos se nota alguna cosa —singular— en común. Éste es la causa del fenómeno observado. Con el método de concordancia se eliminan todos los sucesos que no ocurren cuando el fenómeno que estamos buscando sí pasa. En palabras de Mill: “si dos o más casos del fenómeno que se investiga tienen sólo una circunstancia en común, esta circunstancia es (probablemente) la causa o el efecto del fenómeno dado.

Gráficamente podemos verlo de esta forma:

D: a, b, c, d…Q
D: a, f, c, d… Q
D: a, f, i, g… Q
∴ a es la causa de Q

Si todavía no se entiende, ahí les va un ejemplo:

Un médico fue llamado a altas horas de la noche para atender a unos excursionistas que presentaban problemas gastrointestinales, al interrogarlos sobre lo que habían comido en las últimas horas, obtuvo las siguientes respuestas:
-Liz: frijoles enlatados, carne seca, queso, atún y duraznos en almíbar.
-Pablo: duraznos en almíbar, queso, camarones enlatados, carne seca y frijoles enlatados.
-Álvaro: camarones enlatados, atún, jugo de naranja, frijoles enlatados y salchichas
-Ana: salchicha, jugo de naranja, carne seca, frijoles enlatados y atún.
Con estos datos, el médico concluyó que la causa del problema gastrointestinal de ellos habían sido los frijoles enlatados.

Método de diferencia

Este método se encuentra cuando si en un fenómeno se observa comúnmente y una circunstancia específica desaparece, también desaparece el fenómeno común y,  por lo tanto, aquella es causa directa de ésta. Dicho de otra forma —la de Mill—, “si un caso en que se presenta el fenómeno que investigamos y otro en que no se presenta tienen las mismas circunstancias en común excepto una, que ocurre sólo en el primero, esa circunstancia sola en la que los dos casos difieren es (probablemente) el efecto o la causa o una parte indispensable de la causa del fenómeno”. El método necesita de un caso positivo y uno negativo, con las circunstancias antecedentes que difieren en un solo aspecto.

Gráficamente:

D: a, b, c, d…Q
D: a, b, f, c, d… Q
D: f, i, g…
∴ a es la causa de Q

Ejemplo:

En un mundo paralelo, los mismos excursionistas se enfermaron menos Ana. Entonces, el médico les pregunta qué comieron.
-Liz: frijoles enlatados, carne seca, queso, atún y durazno en almíbar.
-Pablo: durazno en almíbar, queso, camarones enlatados, carne seca y frijoles enlatados.
-Álvaro: camarones enlatados, atún, jugo de naranja, frijoles enlatados y salchicha.
-Ana: salchicha, jugo de naranja, carne seca, durazno en almíbar y atún.
Por lo tanto, lo que causó el daño fueron los frijoles enlatados, porque Ana fue la única que no los comió.

Método conjunto de concordancia y diferencia

Este método —como lo puede uno deducir— es una combinación de los dos primeros. Mill arguyó que sí se juntaban estos métodos, sería más efectivo. El método se da cuando si en dos o más casos en que aparece un fenómeno tienen sólo una circunstancia en común, mientras que dos o más casos en que no aparece el fenómeno sólo tienen en común que esta circunstancia —la primera— no aparece, la circunstancia única en que difieren los dos conjuntos de ejemplos es el efecto, la causa del fenómeno.

Usamos primero el método para hallar una condición en cuya presencia siempre ocurre el fenómeno y en cuya ausencia dicho fenómeno no ocurra. Aumenta la probabilidad de los dos métodos anteriores por separado.

Graficamente:

D: a, b, c, d… Q
D: a…
D: a, b…
D: a, b, c… Q
D: c, d… Q
D: a, b, d…
D: c… Q
∴ c es la causa de Q

Ejemplo:

Ana desarrolló un salpullido grave e inusual. Debido a su semejanza con otras enfermedades de la piel, los médicos le dijeron que dejara de comer pollo, carne y lácteos. Al hacerlo, desapareció el salpullido. Los médicos dijeron que comenzara a comer pollo de nuevo y después con la carne. En ningún caso se presentó el salpullido. Entonces, se le dijo que reanudada con los lácteos. Tras hacerlo, el salpullido reapareció y presistió aun cuando los doctores le prohibieron de nuevo el pollo y la carne. Por ello, los médicos dijeron que el salpullido de Ana lo producía el consumo de productos lácteos.

Método de variaciones concomitantes

Este método nos dice que si en un fenómeno se observa que al variar una de las circunstancias que concurren en él,  varía de manera proporcional, entonces, esta circunstancia es la que causa el fenómeno. Más fácil, cuando un fenómeno varía en proporción directa o inversa a la variación de una circunstancia dada, ésta es su causa.

Gráficamente:

D: a, b, c, d…Q
D: a’, f, c, d…Q’
D: a’’, f, i, g…Q’’
∴ a es la causa de Q —y de sus variantes—

Ejemplo:

En México, entre 1970 y 1991, por cada 100 mil habitantes se pasó de 22.83 a 43.4 personas alcohólicas. Asimismo, la incidencia de cirrosis se incrementó en estos años
Podemos suponer, por lo tanto, que un elemento causante del aumento de cirrosis en México es el alcoholismo.

Método de residuos

Este método nos dice que cuando en un fenómeno pueden separarse algunos elementos, por saber que no lo determinan, en el resto de las circunstancias debe estar la causa del efecto producido. O mejor leamos lo que dijo Mill: “Restad de un fenómeno la parte de la cual se sabe, por inducciones anteriores, que es el efecto de ciertos antecedentes; el residuo del fenómeno es, entonces, el efecto de los antecedentes restantes”.

Graficamente:

D: a, b, c, d, f… Q, R, S, Z
b, c, d, f… R, S, Z
∴ a es la causa de Q

Ejemplo:

La pobreza en México puede deberse a su cercanía con Estados Unidos, a la forma de gobierno, al presidente o a una mala distribución de la riqueza.
No puede ser la cercanía de Estados unidos ya que Canadá también lo está y éste tiene una economía y nivel de vida buenos para sus habitantes.
No puede ser nuestra forma de gobierno ya que otros países poseen la misma que nosotros y tienen buena situación económica.
No puede ser el presidente porque el problema no es sólo de un sexenio sino que se ha dado desde hace muchísimo tiempo.
Por lo tanto, la causa de la pobreza en México es la mala distribución de la riqueza ya que pocos tienen mucho y muchos tienen poco.

Pues como vemos, los métodos de Mill pueden ser efectivos pero la verdad es que ellos, así como la inducción en sí son engañosos. Para empezar porque la inducción, si bien es usada mucho en la vida cotidiana y hasta en la ciencia, no llega a resultados verdaderos como lo son otro tipo de razonamientos —como la inducción, por ejemplo—.  Además, el método de concordancia se hace débil porque es posible que la circunstancia en cuestión sea sólo una causa accidental, y no se excluye la pluralidad de causas; el de diferencia también ya que la debilidad del razonamiento está en que lo que llamamos causa puede ser sólo parte necesaria de la misma.

En filosofía casi no se estudia la inducción por lo mismo de su inexactitud, pero para la vida cotidiana es bueno saber que algunos… o mejor dicho, muchos de los razonamientos que usamos son estos mismo métodos. Además de que puede ser un tema de conversación bastante excitante en una fiesta con los cuates.


La moral inglesa: el utilitarismo

Si bien el empirismo es una de las cosas que más representan en el mundo de la filosofía a los ingleses, en el plano de la ética se encuentra el utilitarismo, el cual muchas veces —e incluso los mismos filósofos— se le relaciona con lo que hacen los políticos corruptos y las personas que hacen cosas sólo para su propio beneficio nombrándolos como utilitaristas; aquellas personas que hacen eso no tienen ni la más remota idea de lo que es el utilitarismo. Así que para seguir nuestra semana del Reino Unido hablaremos hoy sobre éste sistema ético nacido en Inglaterra, el utilitarismo.

Bentham vs. la moral cristiana

Un filósofo norteamericano llamado Joseph Fletcher tiene una frase que puede resumir lo que estaba pasando en Europa en aquellos tiempos: “Si el fin no justifica los medios, ¿qué lo hace? La respuesta es, obviamente, ¡nada!” El utilitarismo nació a fines del siglo XVIII y principios del XIX, fue el resultado de la teoría moral empirista de Hume que fue parida por un señor de nombre Jeremy Bentham. Aquellos años fueron de grandes cambios, las Revoluciones Francesas, la Independencia de Estados Unidos, la Revolución Industrial, el Estado moderno se estaba creando. Y si la modernidad se acercaba cada vez más rápido, la forma de pensar de las personas también debía cambiar. La gente se empezó a preguntar si era plausible y bueno el que todos los actos sean regidos por Dios, que la felicidad no se encuentra en este mundo sino en el siguiente, que debemos sufrir para poder ser felices.

Pues fue Jeremy Bentham quien dio una nueva concepción de la moral, algo que se alejara de lo que estuvo rigiendo a Inglaterra durante toda la Edad Media y el Renacimiento. Según Bentham, la moral no es cuestión de complacer a Dios, ni de la fidelidad a las reglas y leyes abstractas sino más bien el de intentar producir tanta felicidad como sea posible.

El principio de utilidad

Fue Bentham el que creó este término, el del principio de utilidad, el cual nos exigua que, como buenos utilitaristas, cuando tengamos que elegir entre diferentes acciones, debemos elegir sólo las que tenga las mejores consecuencias para todos. O mejor como lo dice el mismo Bentham en su libro The Principles of Morals and Legislation:

Por principio de utilidad se entiende el principio que aprueba o desaprueba cualquier acción, según la tendencia que tenga para aumentar o disminuir la felicidad de las partes de cuyo interés se trata; o, lo que viene a ser lo mismo en otras palabras, para fomentar o combatir esa felicidad.

Bentham, con el utilitarismo, quería cambiar las leyes e instituciones de Inglaterra para que así cualquier ingles pudiera vivir de una forma feliz —años después, Nietzsche se burlará de esta cuasi-mania de decir que la moral es lo que busca la felicidad que tanto decía Aristóteles como los mimos ingleses al decir que “El hombre no lucha por alcanzar la felicidad; sólo los ingleses hacen eso.”—. Pero no se encontraba solo en esto, su mano derecha era James Mill, un economista y filósofos escoses que ayudo a Bentham con la difusión de sus textos utilitaristas; sin embargo, fue su hijo, John Stuart Mill quien logró hacer llegar a todo el Reino Unido el sentido de vida utilitarista.

John Stuart Mill escribió en su libro The utilitarianism escribió de una forma más elegante y persuasiva —a la inglesa— de qué se trata todo eso que se llama utilitarismo. Lo primero que se tiene que hacer es considerar un cierto estado de cosas que quisiéramos que se produjeran, un estado de cosas en el que todos fueran tan felices y bien como fuera posible. Entonces, una vez que sabemos eso el siguiente paso es sencillo, debemos actuar de modo que produzcamos ese estado de cosas en la medida de lo posible.

Con esto Mill nos dice que toda acción humana está hecha para poder crear ese estado de cosas que queremos para nuestra felicidad y que la moral será entonces como las reglas y preceptos de la conducta humana, es decir, la moral será la que regirá nuestras acciones humanas en pro de nuestra felicidad creando el tan mencionado estado de cosas que hemos decidido que es el mejor mediante todos los métodos posibles. Vemos aquí que la frase el fin justifica los mediostiene mucho peso. Al decidir qué hacer, debemos, por lo tanto, preguntar qué curso de conducta promovería la mayor felicidad para todos aquellos que serán afectados. La moral requiere que hagamos lo que sea lo mejor desde ese punto de vista.

El utilitarismo y la religión

Si bien al principio no lo parece pero el principio de utilidad da un giro radical a la forma de pensar de los ingleses, se ha dejado atrás toda referencia a Dios o sobre reglas morales abstractas, las leyes de Dios ya no valen. La moral ya no se interpreta como fidelidad a algún código dado por un ser todo poderoso o reglas que siempre han existido. La moral ahora se preocupa sólo por la felicidad de los seres de este mundo —porque incluso Mill dice que no sólo los hombres, sino todas las criaturas con capacidad de sentir deberían ser utilitaristas— y nada más; y se nos permitirse  hacer lo que sea necesario para promover la felicidad. Años atrás estas ideas serían impensables. Por ejemplo, la eutanasia y el suicidio ahora podían ser vistos como moralmente correctos sí es que usando el principio de utilidad se descubría que con esa vía se alcanzaba la felicidad, cosa que la religión cristiana niega profundamente: matar es malo.

Sin embargo, el utilitarismo —al menos el utilitarismo clásico, es decir, el inglés del que estamos ahorita hablando— no estaba en pro de una filosofía atea o antirreligiosa. Bentham, por ejemplo, decía que la religión no condenaría al utilitarismo sino que lo aprobaría si sus partidarios se tomaran el concepto de Dios como creador benévolo:

Los dictados de la religión coincidirían, en todos los casos, con los de la utilidad, si supusiéramos universalmente que el Ser, el objeto de la religión, es tan benévolo como sabio y poderoso […] Pero entre los devotos de la religión parece haber pocos que crean verdaderamente en su benevolencia. Lo llaman benévolo de palabra, pero sin querer decir que lo es en realidad.

En ese sentido sí en verdad Dios es benévolo y existe, por ejemplo, un paciente enfermo que sufre de dolor diario, sería entonces correcto matarlo para que deje de sufrir.

 

La versión clásica de la teoría

Bueno, para terminar volveremos a decir en qué se basa el utilitarismo así como lo planteaban sus fundadores ingleses. Se puede decir en tres simples premisas:

  1. Las acciones se juzgan como correctas o incorrectas solamente en virtud de sus consecuencias; no importa nada más.
  2. Al evaluar las consecuencias, lo único que importa es la cantidad de felicidad o infelicidad que se crea; todo lo demás es irrelevante.
  3. La felicidad de cada persona cuenta por igual.

Como Mill decía:

La felicidad que constituye el criterio utilitarista de lo que es correcto en una conducta no es la propia felicidad del agente, sino de todos los afectados. Entre la felicidad personal del agente y la de los demás, el utilitarista obliga a aquél a ser tan estrictamente imparcial como un espectador desinteresado y benévolo.

Así, las acciones correctas son aquellas que producen el mayor balance posible de felicidad sobre la infelicidad, y en que la felicidad de cada persona cuenta como igualmente importante. Entonces, ¿políticos corruptos, personas egoístas? No creo que después de esto los sigamos llamando utilitaristas, más bien a aquellas personas que se preocupan por el bien, la felicidad y el bienestar de todos son aquellos a los que deberíamos llamar utilitaristas, ¡la felicidad por encima de todo!


La filosofía de Inglaterra: el empirismo

Como Inglaterra, Londres y todo lo ingles está de moda últimamente —y aparte porque quiero enseñar una  importantísima parte de la historia de la Gran Bretaña que no mostraron en la exótica apertura de los juegos olímpicos— yo también trataré de hablar toda la semana de filosofía inglesa. Y para filosofías inglesas que mejor en la que más se destacó desde el Renacimiento, un pensamiento que trataba de apuñalar a Descartes por la espalda y enterrar su cuerpo en medio del bosque —lo cual no funcionó muy bien al final—; el empirismo ingles es aquella forma de pensamiento que se basa en la experiencia para poder descifrar la verdad de todo, un pensamiento donde surgió el concepto de ciencia aplicada o ciencia experimental, en fin, hablemos del empirismo.

Para empezar debemos admitir que esta idea de tomar la experiencia como sostén  del conocimiento de las cosas no es algo que hayan inventado/descubierto los ingleses, la verdad es que se lo deben en gran parte a Aristóteles, el que es según Kant el fundador de la escuela empirista y los ingleses son sus más fieles seguidores. Sin embargo, el empirismo como se le conoce en el mundo de la filosofía, esa doctrina filosófica sistemática que nos dice que las ideas y el conocimiento en provienen de la experiencia, tanto en sentido psicológico —el conocimiento nace con la experiencia— como en sentido epistemológico —el conocimiento se justifica por la experiencia— es cien por ciento obra de Inglaterra. De hecho, en la Edad Media, en la época escolástica existieron grandes pensadores que fueron los que empezaron a fundamentar —subjetivamente— lo que se consagrará más tarde en el Renacimiento como el empirismo inglés, como Roger Bacon y el famoso Guillermo de Ockham.

El fundamento del empirismo

Sin embargo son cinco los poderosos, los pensadores —y todos son paisanos del Reino Unido— que pueden denominarse precursores del empirismo: Francis Bacon, Thomas Hobbes, John Locke, George Berkeley y David Hume. Grosso modo los fundamentos del empirismo son los siguientes:

  1. No existen ideas innatas.
  2. El conocimiento procede de la sensación, de la experiencia —que puede ser interna o externa—.

Con estas dos simples premisas afirmamos la definición que dimos hace rato sobre el empirismo y demostramos cómo se ha creado una nueva forma epistemológica y lógica, una forma de conocer las cosas: el conocimiento empieza con la experiencia y todo conocimiento necesita de la experiencia como justificación.

Locke, ideas y pizarrones

Bacon decía que debemos recurrir a la inducción y a la observación para hacer ciencia, Hobbes afirmaba que todo es cuerpo y que el conocimiento no se puede comenzar ni mucho menos justificar si no se parte de la sensación.  Sin embargo, si se quiere entender bien el empirismo debemos hablar mejor de John Locke. Él en su libro Ensayo sobre el entendimiento humano explica bien la forma en la que el empirismo funciona además de que le da un duro golpe al cartesianismo. El racionalismo de René Descartes era la filosofía que imperaba en Europa en aquella época, todo debía estar regido por la razón, por el cogito —yo pienso—; la razón ideal que sólo se basa en la mente, en las ideas. Ahora lo subjetivo, la mente, fue bajado de su pedestal y en cambio la experiencia, tomó su lugar. Fue el giro al giro de Descartes. La influencia de esta obra, la de Locke y en general la de todos los empiristas ingleses, en los ilustrados franceses fue enorme; éstos vieron en Locke la superación del racionalismo que dominaba en el continente europeo desde Descartes a Leibniz, y fundaron en ella su modelo de razón empírica.

Para Locke en primer lugar —así como para todos los empiristas— las ideas innatas no existen; el mundo de las Ideas de Platón muere, las meditaciones de Descartes también mueren; no existen ideas ni principios teóricos o éticos. No nacemos naciendo qué son las cosas ni qué es lo bueno, cuando cada ser humano nace no es más que una tabula rasa, un pizarrón vacío, un bote sin nada. Todas las cosas que decimos conocer son imágenes que tenemos ya en ese pizarrón que hemos llenamos en el pasado con alguna experiencia. Pero entonces, ¿cómo se forman las ideas? Pues bien, ellas se originan a partir de la experiencia sensible, se la sensación o la reflexión, ya sea interna o externa; estas ideas que por ahora son sólo ideas simples junto con el entendimiento pueden componer ideas complejas. En una de estas ideas complejas, la sustancia, pueden distinguirse cualidades primarias (objetivas) y cualidades secundarias (subjetivas).

Pero para que no nos hagamos bolas mejor veámoslo del siguiente modo; por medio de la precepción, de la experiencia, es que recibimos y formamos las ideas simples, éstas pueden ser de cuatro formas:

  1. Las ideas que provienen de un solo sentido. Por ejemplo, cuando uno ve una naranja ve el color naranja.
  2. Las que ideas que provienen de varios sentidos. Por ejemplo, el ver la misma naranja y sentirla vemos que tiene una forma cuasi-esférica, cosa que no podríamos percibir sólo con un sentido estático.
  3. Las ideas que provienen de la reflexión interna, es decir, pensar sobre ideas simples de los sentidos. Por ejemplo, preguntarse por qué me encontré aquella naranja, si me la comeré o no.
  4. Las ideas que proceden de forma combinada, es decir, tanto de la sensación como de la reflexión al mismo tiempo haciendo una especie de síntesis. Por ejemplo, al comerse la naranja y decir que está muy ácida o muy dulce, que se te atore uno de sus semillas en los dientes, etcétera.

Pero como vemos, éstas sólo son ideas simples, sencillas, en ningún momento se ha descubierto que lo que se tiene ahí es una naranja. Ahí es cuando entran y se forman las ideas complejas así como también se ponen en orden las ideas simples que ya se tienen ya que nosotros sólo recibimos todas estas sensaciones en impresiones simples; cuando yo como una naranja no estoy recibiendo con los sentidos la naranja completa en sí sino que sólo recibo sensaciones simples como el color, la frescura, el olor, la textura, etcétera. Sólo después de haber comido suficientes naranjas podré saber que eso que me estoy comiendo es una naranja. Y como vemos aquí la razón también forma un papel importante en el empirismo, no sólo es recibir sensaciones y eso es todo, la razón, la mente, las tiene que organizar, acoplar para que puedan ser procesadas y analizadas.

La mente, combinando, relacionando y abstrayendo, puede formar ideas complejas —como la idea de la naranja— relaciones y abstracciones. Y las ideas complejas también se dividen:

  1. Sustancia: es una idea compleja con la que concebimos un ser particular. Por ejemplo, la naranja de la que ya hablamos bastante.
  2. Modo: es una idea compleja con la que pensamos, abstraemos conjuntos de ideas simples que no pueden ser sustancias. Por ejemplo, la danza.
  3. Relación: es una idea compleja que surge de la comparación de ideas. Por ejemplo, una hoja de papel sirve para escribir en el pero si se dobla también puede ser usada para origami, cambió de idea.

Berkeley: cállate Locke

Locke también distinguió dos tipos de conceptos: las cualidades primarias y las cualidades secundarias. Las cualidades primarias ser refieren a la extensión de la cosas, es decir, su peso, su forma, el número, etcétera. Con éstas nosotros sabemos que las sensaciones producen las verdaderas cualidades de la cosas. Las cualidades secundaras, por su parte, son aquellas que no son inherentes a las cosas, como el color, el sabor, el sonido, etcétera; las cualidades secundarias reflejan nuestras inclinaciones y gustos, a algunos les han de gustar las naranjas y a otros no, eso es la cualidad secundaria.

El punto de partida de Berkeley es la crítica a esta parte que dijo Locke sobre las cualidades primarias y secundarias. La conciencia, la mente, el cerebro no hace distinción entre primarias y secundarias: toda idea es un fenómenode la conciencia, el cual es subjetivo,  y todo cuanto sabemos de las cosas es sólo lo que percibimos subjetivamente. Por ello ser es ser percibido.

 

Hume y Newton

Hume aceptó la piedrota que Berkeley le aventó a Locke y dice que las ideas son fenómenos de la conciencia. Sin embargo, el duda de las sustancias de Locke, tanto las objetivas como las subjetivas, por ello es que a Hume se le cataloga como escéptico, un empirista escéptico —¿o será un escéptico empirista?—por cuanto lo que pensamos supera con creces lo percibido, pero sólo hay certeza de lo percibido.

En su escrito Tratado de la naturaleza humana Hume nos dice que el empirismo debe dirigirse tanto al fundamento y a la manera de nuestro conocer como también hacia una ciencia empírica del hombre. Hume lo compara con el modelo científico que imperaba en su tiempo, el newtoniano, decía que el objetivo era logara en el mundo de la moral lo que Newton logró en el campo de la física. Por ello él no sólo se centra en el entendimiento desde el punto de vista empirista, sino también se centra mucho en las pasiones y la moral.

Todo lo anterior lo hizo haciendo una distinción entre impresiones e ideas, la relación que existe entre unas y otras y la posibilidad de que las ideas se asocien entre sí. Una impresión es una percepción que, por ser inmediata y actual, es viva e intensa. Una idea es una copia de una impresión, y por lo mismo no es más que una percepción menos viva e intensa, que consiste en la reflexión —hecha por la memoria o la imaginación— de la mente sobre una impresión.Pero además dice Hume que las ideas se relacionan entre sí por una especie de atracción mutua entre ellas: por semejanza, por contigüidad y por causalidad.Las ideas simples se relacionan, se asocian, se atraen entre sí por una triple ley que las une.

Esa exigencia básica y sistemática de que a toda idea debe corresponderle una impresión para que tenga sentido, o para que a la palabra le corresponda una idea con un contenido verdadero, se constituye en el instrumento ineludible de la crítica que instituye a todos los conceptos fundamentales de la filosofía tradicional: causalidad, sustancia, alma, Dios y libertad. ¿A qué impresión corresponde cada una de estas ideas?

Lo que sigue después de ésto es otra generación de filósofos que seguirán tomando la experiencia pero de un modo distinto; la fenomenología estaría siendo formada. La ciencia y la filosofía tendrán un contacto gracias al empirismo en los sistemas de pensamiento posteriores y cosas raras pasarán después de ello. Pero, lo que debemos rescatar es el giro que dieron los ingleses con el modo de pensamiento en el que vivían; pasaron de un Descartes pensativo que dudaba de lo que sentía, de lo que veía, de lo que percibía. Ahora las sensaciones daban la pauta a conocer las cosas, el mundo, la verdad. ¿No es el empirismo fascinante?


Wittgenstein: sobre perros, piñas, filosofía y maldita sea

Hoy me encontré este video, muy raro por cierto (así es el cine de arte)… en fin, es un video con escenas de una película sobre el filósofo Ludwig Wittgenstein. Con citas de sus libros y todo el video no enseña grosso modo lo que el filósofo pensaba sobre el lenguaje. Disfrutenlo.

Por cierto, la película se llama “Wittgenstein” y es de un tal Derek Jarman.


Cuestionando la existencia: el problema de los universales

Pongamos sobre la mesa un asunto que por todos lados huele a cliché de filósofo. Un asunto que durante gran parte de la historia de la filosofía fue una piedrita incomoda en el zapato de muchos filósofos ya que se cuestiona sobre la realidad, existencia o inexistencia de las cosas. Un problema que es metafísico, epistemológico. Vamos a hablar del problema de los universales.

Éste problema, clásico en filosofía, se cuestiona sobre qué tipo de entidad o realidad les pertenece a los términos universales. Un término universal pues… ¡es eso!  Lo universal, lo común a todos —en palabras de Aristóteles—; el río, el hombre, la justicia, el bien, no el río Bravo, el hombre chaparro, la justicia ciega, el bien cristiano.

Todo empieza con esas preguntas que todo el mundo piensa que se cuestionan los filósofos: ¿qué es la humanidad?, ¿Qué es el hombre?, ¿Qué es la justicia?, etcétera. Después de que los filósofos se hicieran éstas preguntas llegaron a una más impactante, una cuestión que está en el fondo de todas las demás, la pregunta sobre qué clases de cosas existen.  Pero claro, hay cosas que son obvias que existen como por ejemplo las piedras, los pájaros y los perros cafés —los filósofos estamos locos pero tampoco es para tanto—, por ello es que este asunto sólo se centró en aquellas cosas cuya existencia (o inexistencia) era difícil de afirmar (o negar); preguntarse acera de lo que hay, por ejemplo, Platón diría que las Ideas existen, Aristóteles que existen sustancias compuestas de materia y forma.

Me obligan a decir que  este problema inicia en la Grecia clásica pero yo me saltaré todo eso hasta los medievales ya que ahí fue cuando empezaron a cuestionarse duro con todo esto —además de que Platón y Aristóteles extrapolaron su versión de la historia a los mismos pensadores medievales—. El problema tiene su auge por ahí del siglo XI, cuando la filosofía escolástica estaba en su mayor esplendor, pero antes de eso fueron dos los personajes que avivaron las llamas de la cuestión. Porfirio —el mismo que hizo su intento de árbol— en su introducción a las Categorías aristotélicas (Isagoge) se plantea al problema formalmente más o menos así:

 Si los universales existen; si existen, ¿existen separados de las cosas o no?; si existen separados de las cosas, ¿qué son?

El segundo personaje es Boecio, el así llamado último de los romanos, quien es considerado como el puente entre el mundo clásico y el mundo medieval. Él aparte de dar a conocer ésta cuestión de Porfirio, les da la idea platónica de la existencia separada de las formas, el Mundo Sensible y el Mundo de las Ideas platónico.

Con esto fue que nacieron tres posturas frente a la respuesta a este problema tan problemático de todos los problemas que puede haber:

a) Realismo extremo o platonismo: esto afirma que, efectivamente los universales existen así como las ideas platónicas. Se cree que los universales existen antes en el espíritu que en las cosas. Son extramenteales, es decir, nosotros no los creamos, sino que allí se encuentran por naturaleza. Los universales existen también en la mente divina, a modo de arquetipos, o ideas ejemplares, ordenados a la creación.

b) Realismo moderado o conceptualismo: esto nos afirma que los universales sólo existen como entidades mentales o conceptos, a los que en la realidad corresponden propiedades de las cosas. Dicho de otra forma, los universales existen como formas —esencia, naturaleza— de las cosas individuales. Esta postura supone una elaborada teoría de la abstracción y de la constitución de las cosas por materia y forma. El resultado es que lo universal no existe separado de las cosas, pero existe como esencia o naturaleza de cada cosa de la que se afirma: la humanidad no existe separada sino sólo existe en la naturaleza de Sócrates, Sarte y Schopenhauer. Por lo mismo, el universal es también un concepto abstracto, porque por su medio conocemos lo que son los individuos, los únicos que son.

c) Nominalismo: afirma que los universales no son más que nombres; sólo existen individuos y que sólo usamos esos nombres para poder entendernos a nosotros mismos.

Ya en la época moderna sólo existen dos posturas que siguen en disputa entre los filósofos: el realismo y el nominalismo.  Tratando de responder sobre qué cosas de las que se habla existen. Pero el chiste de todo esto es que cada uno crea su propio criterio de qué cosas son reales, qué cosas existen. Hay que formar nuestro propio criterio y… a ver con cuál idea nos casamos (además esto sirve para atraer chicas).


¿Qué rayos es el árbol de Porfirio?

No, no me refiero a ningún árbol que haya tenido Don Porfirio Díaz en el bosque de Chapultepec ni mucho menos [chiste sólo entendible para los que viven en México]. De ese Porfirio no me refiero sino a otro que vivió mucho antes y no, no creo un híbrido nuevo de árbol. Para empezar a explicar todo esto creo que es más conveniente empezar a saber quién fue Porfirio.

Porfirio fue un filósofo neoplatónico que nació en Tiro. Conoció a Plotino —líder de la escuela neoplatónica— y se hizo su fiel discípulo y cuando éste murió Porfirio tomó el mando de dicha escuela.  También fue su biógrafo y dio a conocer el pensamiento de su maestro siendo el editor de la obra de Plotino: las Enéadas. Hizo aportaciones considerables al neoplatonismo —que no abordaremos por ahora— y su pensamiento  sería controversial hasta la Edad Media ya que sus ideas con respecto al problema de los universales —un tema muy interesante— serían la piedrita en el zapato de los pensadores del Medievo por años. Pero sobre todo Porfirio era fanático de la lógica, tanto así que le dio una interpretación nueva a las Categorías de Aristóteles con la visión neoplatónica. Pero  lo que nos atañe hoy es que también creó una forma de clasificar las cosas, su famoso árbol: el árbol de Porfirio.

Pero, ¿qué es eso? Es un método clasificatorio dicotómico. Dicotómico en cristiano significa que es un método de clasificación en que las divisiones y subdivisiones tienen dos partes —una vez que vean el esquema del árbol entenderán—. Este dichoso árbol aparece en su libro llamado Isagoge, que es una introducción a las Categorías de Aristóteles. La clasificación consiste en ir del género más general (con mayor extensión) —por así decirlo— hasta el que tenga menor extensión, hasta la última especie. Este sistema está basado en la concepción platónico-aristotélica de la definición según el género y la diferencia específica. El género es el concepto que abarca las especies que tienen algo en común, por ejemplo, los tulipanes, las margaritas y los pensamientos son especies que entran en el género de flores al compartir ellas cualidades específicas (tienen pétalos, sépalos, estambres, carpelos, en fin, todas esas coas que todo el mundo sabe que tienen las flores). El género con mayor extensión es aquél que ya no admite un género más elevado, es Dios si lo quieren ver así; mientras que la especie con menos extensión, la última especie, es la cual  ya no tiene más especies. Se trata de un método extensional que organiza los conceptos según su extensión decreciente, con lo que muestra la regla de la variación inversa de la comprensión y la extensión. Pero mejor veamos la gráfica para que todo esto tenga sentido.

Para que quede más claro, el árbol —que ni forma de árbol tiene— se lee  más o menos así:

“El género supremo es la sustancia y tiene dos diferencias que son la compuesta y la simple, el género subalterno de lo compuesto es el cuerpo el cual se divide en animado e inanimado, lo animado o viviente se divide en sensible e insensible, lo sensible es animal y se divide en racional o irracional, lo racional es el hombre y ese es la última especie el cual ya se divide en los innumerables individuos (Sócrates, Platón, Aristóteles, etcétera).

 


Sobre el último hombre y el superhombre en Nietzsche

Friedrich Nietzsche es el filósofo que nos obliga a volver a pensar los valores sobre los cuales se fundamenta nuestra vida, la cultura occidental. No existe una crítica más fuerte hacia la forma de vida occidental —es decir, la europea— como la que Nietzsche hace.

El pensamiento moderno ha sido deformado por dos causas principales según Nietzsche, la primera es el pensamiento de Platón con el cual, nos dice él, nos creímos que el mundo podía ser explicado por medio de la razón. Los filósofos han querido hacernos creer que toda la realidad es explicable por razones claras y distintas. Sin embargo esto no es así, la razón es una apariencia y lo que es verdaderamente real en el hombre es el instinto.

Si bien el superhombre no existe aún, es un ejemplo que debemos tomar. El seguir fielmente la filosofía de Nietzsche no es nada fácil, ya que se debe de abandonar todo lo que cree, la cultura occidental está repleta de mentiras y engaños originados principalmente por el cristianismo.

El hecho de que se haya hablado de un superhombre indica que el hombre no está condenado a permanecer ignorante tanto de lo externo como de sí mismo, sino que tiene la oportunidad de poder abrir los ojos hacia la verdad, una verdad que está en nuestras narices pero que se enturbia y se ve opaca o casi nula por los prejuicios que nos son inculcados. Está claro que el superhombre no es una raza nueva, o una especie mutante de los seres humanos, sino que es un estado, un estado nuevo en el que los hombres —los últimos hombres— tendrán que llegar si es que quieren salir de esas concepciones metafísicas obsoletas.

El segundo de los males de la edad moderna es el cristianismo, el cual, con sus valores suprime los vitales que son los que en verdad nos permiten vivir, así como denunciar la moral equivocada que el cristianismo nos hace creer. Con las ideas de amar al prójimo, de la caridad, la piedad, el perdón, etcétera, Nietzsche dice que han sido la causa de limitación de un valor básico y esencial del hombre, la voluntad de poder. Es por ello que se debe hacer un giro completo en la escala de valores, ya que los débiles no deben ser rescatados por morales mediocres.

Con lo anterior, Nietzsche da pauta al fin de esa concepción idealista que se tiene, así como ponerle fin a la metafísica europea; esto lo pone muy en claro con la frase “Dios ha muerto”. La negación de todas ideas inventadas por la religión, la idea de Dios, entendida como el fundamento del mundo verdadero. Los hombres libres, según él, son los que son capaces de perderle el respeto y admitir que efectivamente Dios ha muerto, es decir, capaz de asumir que se debe acabar con el mundo verdadero —lo cual también asumiría la negación de ese dualismo entre el mundo aparente y el mundo verdadero, las ideas de Platón quedan descartadas—.

Con Dios muerto se puede dar paso al a creación del superhombre pero, por otra parte, es también la condición de la aparición del último hombre. Este último, es ese ser más duradero y el más despreciable, aquél que se contenta con un mero pragmatismo, cientifismo o tecnocracia; el que ha sustituido a Dios por su comodidad, el que ya no es capaz de despreciarse a sí mismo y cree que ha inventado la  felicidad, la fortuna y la dicha.  Un hombre cuya vida sin Dios carece de sentido y que representa la ruina de la civilización y es la culminación de la decadencia:

¿Habrá que romperles antes los oídos, para que aprendan a oír con los ojos? ¿Habrá que atronar igual que timbales y que predicadores de penitencia? ¿O acaso creen tan sólo al que balbucea?

Tienen algo de lo que están orgullosos. ¿Cómo llaman a eso que los llena de orgullo? Cultura lo llaman, es lo que los distingue de los cabreros.

Por esto no les gusta oír, referida a ellos, la palabra ‘desprecio’. Voy a hablar, pues, a su orgullo.

Voy a hablarles de lo más despreciable: el último hombre.

Asumir la muerte de Dios implica entrar en un nihilismo, ya que se habla de la aniquilación de los valores vitales, visto desde el punto de vista histórico de la cultura europea en cuanto cumplimiento de la esencia de la metafísica, que había puesto lo verdaderamente ente como un más allá. Es decir, que los valores se encontraban más allá de este mundo: la vida después de la muerte de los cristianos. Sin embargo, al demostrar que no hay valores externos, fuera de esta vida, el nihilismo también es positivo, pues sólo en ausencia de todo valor se hace evidente la necesidad de distanciarse de los antiguos valores y atacar su transvaloración.

La vida humana debe depender de los instintos. Y que —como ya se dijo— el instinto mas esencial en el hombre es la voluntad de poder; la voluntad de dominar que se encuentra sólo en los fuertes y en los hombres selectos. Si la voluntad de poder es una voluntad de dominio y que también ha de convertirse en derecho, entonces, la nueva moral habrá de ser moral de los fuertes cuya fuerza verdadera habrá de eliminar la fuerza de los débiles, los que unen en comunidad para no ser arrasados. Más allá del hombre como lo conocemos está el hombre del futuro, el superhombre.

Reconocer el sin sentido, es decir, el rechazo a los valores preestablecidos, es la condición para que pueda surgir un sentido, para que pueda surgir la presencia del devenir que no ha de justificarse fuera de sí, que no exista nada humano fuera de lo humano. Esta es la base que permite la aparición del superhombre, el que asume con todas sus consecuencias la muerte de Dios y no lo sustituye por otros valores, sino que asume plenamente la vida.

En este sentido, es propiamente el más fuerte, el más noble, el señor, el legislador, el auténtico filósofo, ya que no necesita de unos falsos valores; es el que supera la prueba del eterno retorno. Es el creador de otro sentido diferente al que ya está establecido y que usamos ciegamente, el creador de nuevos valores, es por ello que para los últimos hombres es que el superhombre les parece un lunático, un demente, un blasfemo: “Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo?”

El superhombre es el capaz de superar y —valga la redundancia— transvalorar los valores que han caracterizado la cultura de occidente. No se trata, pues, de un hombre evolutivamente mejor o superior, no, sino que el superhombre es, más bien el más real de los hombres, el que se puede oponer al último de los hombres, es decir, el que se opone al hombre resentido por la vida.

“El hombre es una cuerda tenida entre al animal y el superhombre —una cuerda sobre el abismo”. Sin embargo, el superhombre no es real aún, Nietzsche sólo nos lo anuncia ya que nosotros vivimos en la etapa del último hombre:

Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas en vosotros continúan siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, y aun ahora es el hombre más mono que cualquier mono.

Y el más sabio de vosotros es tan sólo un ser escindido, híbrido de planta y fantasma. Pero ¿os mando yo que os convirtáis en fantasmas o en plantas?

¡Mirad, yo os enseño el superhombre!

Las tres transformaciones: el camello, el león y el niño; es el proceso por el cual Nietzsche nos dice que llegará el superhombre. El camello es aquel que carga, cual joroba, la carga de la moral invertida, de los valores cristianos: “¿Qué es lo pesado? Así pregunta el espíritu paciente, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que se le cargue bien”. El león, es aquel que critica la moral, empieza a preguntarse sobre las cosas, desafía el deber-ser kantiano, pregunta sobre por qué se hacen las cosas: “Tú debes se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice yo quiero”. Y está por último el niño, creador espontáneo de su propio juego: “Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí”.Los nuevos valores no son conmensurables con los establecidos ni con ningún criterio externo a ellos mismos, pues ellos son precisamente la nueva norma.

Si bien el superhombre no existe aún, es un ejemplo que debemos tomar. El seguir fielmente la filosofía de Nietzsche no es nada fácil, ya que se debe de abandonar todo lo que cree, la cultura occidental está repleta de mentiras y engaños originados principalmente por el cristianismo.

El hecho de que se haya hablado de un superhombre indica que el hombre no está condenado a permanecer ignorante tanto de lo externo como de sí mismo, sino que tiene la oportunidad de poder abrir los ojos hacia la verdad, una verdad que está en nuestras narices pero que se enturbia y se ve opaca o casi nula por los prejuicios que nos son inculcados. Está claro que el superhombre no es una raza nueva, o una especie mutante de los seres humanos, sino que es un estado, un estado nuevo en el que los hombres —los últimos hombres— tendrán que llegar si es que quieren salir de esas concepciones metafísicas obsoletas.


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